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Anticipos de libros: El Camino de Dios

EL PROPÓSITO DE LA CREACIÓN


1) El propósito de Dios en la creación fue beneficiar con Su bondad a otro.

Sólo Dios es la verdadera perfección, libre de todo defecto, y no existe perfección alguna comparable con Él. Cualquier perfección imaginable, con excepción de la de Dios, no es verdadera. Otras cosas pueden ser llamadas perfectas, pero sólo lo son de modo relativo, en comparación con otras menos perfectas. La perfección absoluta, por lo tanto, es sólo la de Dios.
Como Dios quiso brindar el bien, un bien parcial no hubiera sido suficiente. El bien que Él brindara debería ser lo mejor que Sus creaciones pudieran recibir. Sin embargo, como sólo Dios es el único verdadero bien, consecuentemente Su deseo benefactor no podría ser complacido sino con ese auténtico bien, es decir, el bien ciertamente perfecto y verdadero que existe en Su esencia intrínseca.
Y, por otro lado, este verdadero bien se encuentra sólo en Dios. Su sabiduría entonces determina que la naturaleza de este verdadero beneficio por Él otorgado es dar lugar a que las criaturas se apeguen a Él en el mayor grado posible.
Por lo tanto, aun cuando las cosas creadas no pueden emular la perfección de Dios en sí mismas, el hecho de que puedan apegarse a Él les permite tomar contacto con ella en la medida en que puedan apegarse a esta perfección. Ellas pueden gozar de este verdadero bien de acuerdo con la medida en que ellas puedan disfrutarlo.
El propósito divino de todo lo creado fue, pues, dar existencia a quien pudiera gozar de la propia bondad divina, según el modo que pudiera disfrutar.

2) La sabiduría de Dios, sin embargo, decretó que para que el bien fuera perfecto, aquel que lo disfrutase debería ser su dueño. Es decir, quien lo tenga debe ser el poseedor del bien, que lo haya ganado por sí mismo, y no alguien que lo tenga de manera arbitraria. Y se puede decir, de alguna manera, que esto es entonces una semejanza parcial de la perfección propia de Dios, al menos hasta donde sea posible. Dios es perfecto por Su naturaleza intrínseca, y no de un modo arbitrario. Su verdadera esencia hace imperativa su perfección e impide cualquier defecto. Sin embargo, ningún otro ser puede tener esta facultad, que su esencia natural requiera su perfección y prevenga cualquier falta.

Mas para asemejarse parcialmente a Dios, es al menos necesario que esa criatura gane la perfección que su esencia no le ofrece, y evite los defectos que su naturaleza no previene.
Dios entonces decretó y ordenó en la creación los conceptos de perfección y defecto, de la misma manera que creó a la criatura con idéntico acceso a ambos. A esta criatura le fueron otorgados los medios para ganar perfección y evitar el defecto. Habiendo consumado esto, se podría decir que se asemejaba en algo al Creador, al menos hasta el grado posible. Consecuente-mente, será merecedora de apegarse a Él y gozar de Su bondad.

3) Cuando esta criatura gana perfección, es apta para apegarse a su Creador en virtud de su semejanza a Él. Además de esto, a través de su adquisición de la perfección, se va acercando a Él, hasta que su adquisición de la perfección y su apego por Él se transforman en una misma condición.

La razón para que esto sea así es que la existencia de Dios es la perfección verdadera, tal como hemos dicho. Toda perfección debe, por lo tanto, estar asociada a Él, así como una rama debe estar relacionada con su raíz. De esta manera, aun cuando no pueda llegarse a la raíz de la perfección, toda perfección verdadera está, en última instancia, determinada y transmitida por ésta.
Y por ello verás que la perfección verdadera es la existencia de Dios. Cualquier defecto es meramente la ausencia de Su bondad y la ocultación de Su rostro. Por lo tanto, la iluminación de Su rostro y Su cercanía es la raíz y causa de toda la perfección existente. Por otro lado, la ocultación de Su rostro es la raíz y causa de toda carencia, y el grado de deficiencia depende del nivel de esta ocultación.
Por lo tanto, esta criatura, la que se encuentra en equilibrio entre la perfección y deficiencia, lo cual es, a su vez, producto de la iluminación y la ocultación, cuando se fortalece con elementos de perfección y los convierte en propios, llega a aferrarse a Él, que es su Raíz y Origen. Y cuantos más elementos de perfección obtiene, más aferrada y apegada se encuentra a Él. Por último, conforme logra su objetivo de perfeccionarse, alcanza su meta de aferrarse y apegarse a Él, y logra apegarse, y goza de Su bien, y se perfecciona en Él, y esta criatura es dueña de su propio bien y perfección.

4) Para que todo esto sea posible, deben existir varios conceptos diferentes de perfección y deficiencia. Esta criatura debe ser ubicada en un medio donde tenga acceso a todas ellas, y debe estar habilitado para obtener la perfección y evitar la deficiencia; además, deberán existir medios con los cuales esta criatura pueda obtener la perfección. Esto, a su vez, requiere que la creación comprenda muchos elementos diferentes, interconectados por una multiplicidad de relaciones, para que se obtenga con éxito el objetivo deseado.

La criatura destinada a esta gran condición, es decir, a apegarse a Él, está llamada a ser lo principal de toda la creación. Todo lo demás en existencia es simplemente un apoyo en algún aspecto, para lograr esta meta, para tener éxito y convertirla en realidad. Ellas son, por lo tanto, consideradas secundarias a esta criatura primaria.

5) Esta criatura verdaderamente principal es el género humano. Todas las demás cosas creadas, ya sea por debajo o por encima del hombre, sólo existen para él, para completar su tarea a través de sus diversas formas, adecuadas a cada una de ellas. Esto será aclarado más adelante con la ayuda de los cielos.

Los elementos de perfección a través de los cuales el hombre puede perfeccionarse son sus poderes intelectuales y todas sus buenas características humanas. Por otro lado, las cosas materiales y las malas características humanas son los elementos de deficiencia entre los cuales se ubica al hombre para obtener la perfección.

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